miércoles, 31 de julio de 2019

¡Quiéreme! Súplica que implica aceptación


A partir de una charla con Anaí López por sus libros
Quiéreme cinco minutos y Quiéreme si te atreves,
Random House Mondadori, Montena,
México: 2010,2011, respectivamente.

Para Feri, siempre…

Quizá, uno comience a leer libros porque éstos cuentan historias. No importa qué tipo de historias, lo que nos interesa (supongo) es que sus temas y la forma con la que están contadas nos gustan, interesan, o al menos, llaman nuestra atención. También existe el fenómeno de lectura por recomendación que, a diferencia de la escritura, por más que ésta “se recomiende” o “te la recomienden” no sucede tan fácilmente y entonces uno “escribe de otro modo”, “a su modo”. Y cuando uno lee, a partir del gusto ajeno, también se topa uno con sus “asegures” pero, al menos yo, intento descubrir algo o a alguien, incluido el alguien que recomienda.

Así, en la recomendación, uno se encuentra (o no) con autores y personajes, también unos más entrañables que otros. A mí, hace unos meses, ese encuentro por recomendación me ocurrió con Anaí López a quién descubrí primero como autora y después como persona, el año pasado, en la FIL Guadalajara.

Descubrí, para mi sorpresa, que sin conocerla, la conocía. Su trabajo como guoinista en canal 11 con programas como Bizbirije o El diván de Valentina me habían dejado algunas tardes, gran sabor de boca. En cuanto a su entonces, única novela (Quiéreme cinco minutos, 2010) tenía poco que opinar pues gusto de escapar de “los Best-Sellers” y “El gran fenómeno del momento”. Sin embargo, a pesar de mis reticencias, tenía un punto a su favor: mi hija de entonces casi quince años, lo había leído en tres días, tras encontrarlo en el librero en el área de “pendientes” y me pedía que por favor, lo leyera, “que estaba muy bueno”.

Lo que comenzó como un reconocimiento a la lectura de mi hija, no me defraudó. Corrijo: No sólo no me defraudó, me dejó un gran sabor de boca y además, a partir de la protagonista, Elena, se generó un puente, colgante y frágil, pero un puente, hacia esa etapa que todos vivimos, nadie entendemos pero, de un modo u otro, todos “padecemos”: la adolescencia, de manera tripartita: la del personaje, la de mi hija y la propia.

¿Quién era Elena? ¿Quién era Anaí? ¿Cómo se despertó en ella este interés de contar, desde el lenguaje de “los chav@s”, una historia para ell@s? Las preguntas se agolpaban en mi mente. Una tras otra. El título me “daba de mazapanazos”: Quiéreme cinco minutos… Me quedé con mis preguntas. El libro volvió al librero, aunque cambió de lugar. A otra sección. Pero ahí se quedó. Viajó. Participó. De pronto evocaba al libro y su protagonista, con “cariñito”.

Un año después, llegaría el segundo título: Quiéreme si te atreves (2011). Esta vez, sería yo quien lo leería primero. Elena y yo volvíamos a encontrarnos, un año después, ella de 17, mi hija de casi 16. Ambas en la preparatoria. Ninguna de las tres éramos ya las mismas, para empezar, entendía mucho más el lenguaje de Elena, por ende el de mi hija y, también, estaba mucho más cercana a la adolescencia y a la experiencia de “ser adolescente”, que un año atrás.

En diciembre del año pasado, entonces, nos encontramos, también Anaí y yo, en la FIL y tuvimos la oportunidad de charlar unos minutos. En otro contexto, re-dimensionaba la estructura no sólo de una experiencia literaria, sino el transcurrir de una etapa en voz de la protagonista Elena y su rostro creador, el de Anaí quien dispuesta y sonriente se encontraba también, ese día, desde otro lugar con Elena: “Cuando yo escribí Quiéreme si te atreves, estaba yo en un proceso muy difícil, moría mi madre y me estaba enamorando de mi pareja. Me estaban pasando cosas muy cabronas. Era también una época de reacomodo. De pensar que en la vida, nunca pasa una sola cosa. La vida está hecha de momentos terriblemente tristes, magníficos espeluznantes, al mismo tiempo.  Con este motor buscaba también al escribir ese puente en Elena, ese salto a la autonomía que es un camino de vida; la intención de decir que no importa qué esté sucediendo, siempre hay que estar cerca de uno mismo y la otra es saber que así va la cosa. Que la carretera de la vida es de múltiples carriles y quizá es un poquito lo que puede leerse entrelíneas en este libro”.

La historia de Elena en Quiéreme… (Cinco minutos primero y después, si te atreves) es tan sencilla como compleja. Es su vida de los 15 a los 17 años; su tránsito por la adolescencia y la forma en la que vive, enfrenta y resuelve sus problemas; sus relaciones familiares, sus amigos. Enamoramiento, traición, pérdida que es al tiempo búsqueda. Es el último año de secundaria ( y si se leen los dos libros) puede acompañar a Elena hasta el primer año de la preparatoria. Si sólo se atreve uno con la prepa, también está muy bien. Lo que da, ante todo, el primer libro, son antecedentes, como la vida misma.

Así de sencillo tiene todas las ventajas y sus desventajas. Las primeras consisten en acercarse a una jovencita que ahí, donde los adultos decimos “edad de la punzada” ella dice siento, quiero pienso. Ahí, donde “los adultos”, las “autoridades” dicen no, ella pregunta y se pregunta por qué. Ahí, donde aparentemente no existen interlocutores válidos, Elena los encuentra, primero en su abuela, después en el teatro a partir de una experiencia escolar y en la música, a partir del amor.

Elena aprende y aprehende. Goza con la misma intensidad con la que sufre y se cuestiona. Se está construyendo, pero esto conlleva no poco dolor y, a veces, ahí donde se siente sola, encuentra la mejor de las compañías: ella misma, con todos los altibajos que encontrarse trae consigo. Encuentro y desencuentro. Amistad y traición. Placer. Deseo. Encuentro con la transformación y el cambio. Darse cuenta que no necesariamente son sinónimos sino complementos.

Y en los complementos, está la aventura. Las anécdotas del vivir y del construir, como las de la propia autora pues, que Elena hoy tenga la vida que tiene y esté presente en las historias de vida de no pocos jóvenes fue un camino largo muy largo allende fronteras. Anaí misma me contó lo fue la semilla de Quiéreme…: “La historia de Elena y la intención de escribirla surgió hace más de 10 años. Una de mis mejores amigas, Karina Simpson, trabajaba en aquel entonces en Editorial Planeta y yo estaba chambeando en España (país en el que estudiaba una maestría en guión de cine y televisión) y propusieron la idea de editar un libro tipo “Pregúntale a Alicia” (un libro anónimo escrito en forma de diario en 1971 de una chava drogadicta, que aún hoy tiene un sinfín de lectores y cuyo auge fue en los ochenta, sobre todo mediáticamente). Karina pensó en mí para hacerlo y lo primero que pensé yo, es que justo no quería hacer un libro como ese. No quería hacer un libro ni moralino ni tremendino.

“Pensé así, en un libro por entregas. Tres. Entonces armé la sinopsis, tomando en cuenta que, lo que más se escribe para chavos, además de historias de vampiros, son libros en los que se les dice qué hacer y qué no; también cómo hacerle sin perder la larga lista de nos: no te drogues, no vayas a…, no se te ocurra… Lo que tenía yo más claro, desde el principio, es que quería escribir una ficción, algo muy cercano que contara la adolescencia de una chava mexicana en tres periodos: 12-13 años; 14-15 años y 16-17 años. Presenté el proyecto y nada ocurrió. También lo presenté en Random House Mondadori España y nunca se armó pero, mientras tanto, yo seguía terca con el libro y comencé a escribir. Diez años después, el primer libro de la trilogía estaba terminado y entonces, decidí llevárselo a Andrés Ramirez. No me imaginé que fuera a pasar esto con mi libro, no es por jugarle a la falsa humildad pero para mí, ya que se publicara fue el mayor de los logros, por añadidura llegó lo demás.”

“Yo creo que lo que me prendió a escribir tanto de esta edad fue que yo, a esa edad, empecé a escribir. Escribo diarios desde los 13 años, porque a través de las letras, aunque suene estúpido, a mí se me reveló un camino para acceder hacia la intimidad, hacia la posibilidad de tocar mi propia intimidad. No creo que haya sido una “válvula de escape” porque más bien, la escritura te conecta con las cosas de una manera fundamental. Eso fue, a fin de cuentas, lo que me hizo escritora.

“Ahí en los diarios, escribiéndolos, descubrí que lo que me latía era ‘todo eso de las palabras’. Entonces,  en mis diarios, quedó plasmada, reflejada una época que, en la vida diaria, es rápida y fugaz pero crucial, porque es  el momento en que adoleces de todo: de infancia, de adultez, es cuando más sola te sientes, no cabes, no estás  bien en ninguna parte, pero es el momento de vida en la que algo empieza a cuajar y un periodo en el cual decides y te arriesgas o empiezas a experimentar esto tan difícil de explicar que se llama Autonomía.

“La adolescencia, continúa Anaí, es esa etapa de la vida que nadie quiere recordar y es crucial. También es un momento muy chistoso, de amores muy intensos, la escuela como anecdotario, el rollo de los amigos, el salir de este lugar (familia) es salir de la zona de confort, de este lugar seguro, con nuestros papitos diciéndonos qué hacer, conviviendo con una caída de veinte: ése momento en el que te das cuenta que pueden hacerse un montón de cosas y que uno mismo puede hacer que las cosas pasen. Eso, todo eso es lo que quise reflejar en los libros; mostrar todo el espectro vital que puede tener una chava de esta edad.

“Yo creo que Quiéreme… es una mezcla de emociones e intereses. Un poco de intuición, de autobiografía, investigación, el reencontrarme con mi propia adolescencia, contactarla al tiempo en que, desde la transformación adulta, buscaba conectar con la juventud actual. Escribí y escribí. Además, hubo un factor: cuando la historia ya estaba escrita, un libro estuvo entre mis manos y me cambió la vida: “El Guardián en el centenofue una mezcla de todo lo anterior.  La historia ya estaba escrita, el libro terminado, listo pues y Hubo un libro. “El guardián entre el centeno”, de J.D.Salinger (1951). Y entonces me dije: la historia que estoy escribiendo, no es así. Y me senté a reescribir el libro por completo.

“Cuando acabé de revisar la historia; me eché a llorar. Me da una tristeza espantosa. Eso es lo que es muy loco y muy padre. Es darle vida a alguien al que todo el mundo le pone voz, rostro, y ahí está. Un día, manejando me dije: ¡qué grueso, Elena está más viva que yo y el güey que viene manejando al lado! Ahora, ya estoy muy bien. La neta. El proceso de escritura de estos libros, a mí me dio la vida. No es que fuera yo un guiñapo arrastrándome, pero ha sido un proceso complicado. En los últimos años me han pasado cosas muy fuertes y ha sido sanadorsísimo. Al primero al que le mueve y le cura cosas la escritura, es a uno mismo. Voy a seguir sintiendo y viviendo lo que me da la escritura. No hay cosa más padre.

“La verdad, no me late mandar a Elena a la Universidad nada más por vender más libros; si acaso (ahora que están de moda las precuelas) se me antojaría escribir la primera parte, la etapa entre los 12 y los 15 años de Elena como lo planee desde el principio, que podría estar muy cotorro, pero yo creo que todo pinta para que ya quede ahí. Elena ya acabó de decir lo que tiene que decir. Ahora, tengo ganas de escribir una historia de un chavo. No estoy preparada todavía para dejar el tema, no he terminado de explorarlo; la adolescencia es algo que me prende mucho. Es increíble, todavía tengo cosas que decir”.

Escribir. Escribirse. Narrar. Narrarse. Contar. Contarse. Leer. Leerse. Desde uno mismo y para los otros. A partir de los otros y desde uno mismo. Entonces ya no es sólo escritura sino reescritura en la que se genera otro espacio que gusto de llamar literatura. Y ésta, va mucho más allá de si es Best Seller o no. Si pertenece a un género o no. Si se publica o no. Es un proceso que, al leerse y escribirse se inscribe. En uno mismo. Desde distintos lugares. Y por distintas razones. Pascal lo dice mejor que yo: “El corazón tiene razones que la razón desconoce”. Y en cuanto a la adolescencia, habrá que quererla, aunque sea cinco minutos, ¡claro!, si te atreves.

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Inés y la alegría: De la inexistencia a la memoria

Foto de Adriana Bernal
“La reconstrucción de la memoria de España, el intento de comprender el país incomprensible que me ha tocado vivir ha sido uno de los grandes temas de mi literatura”, comenta Almudena Grandes (Madrid, 1960) quien ha presentado en días pasados Inés y la alegría (Tusquets, 2010), su más reciente novela y la cual, es el principio de una historia que se desarrollará a lo largo de seis volúmenes: “Estas seis novelas serán independientes. Comparten el mismo espíritu. Están insertan en una línea cronológica coherente pero, digamos que comparten personajes como las historias de Galdós”.

A diferencia de Latinoamérica, España ha decidido vivir desmemoriado. “En los últimos 10 años, la memoria ha inspirado el movimiento cívico. La sociedad civil no estaba tan involucrada desde los años setenta, en una actividad como en ésta de dejar atrás la desmemoria. Yo empecé con unas novelas en apariencia muy frívolas pero que lo que hacían era explorar el mundo de mi generación. Partían de la transición hacia el presente actual y ahora, estoy haciendo el camino inverso. Las novelas de esta serie terminan en 1977, justo donde arrancan las primeras. Ha sido una obsesión mía pero además creo que es la gran tarea pendiente de mi generación”. 

“El movimiento de la memoria de España, continúa, ha partido de un montón de experiencias individuales de personas que han pretendido reconstruir los hilos de su propia identidad, su identidad familiar y que nos hemos ido conociendo y hemos ido integrando movimientos más grandes que se han interconectando creando un estado de opinión”.
Hablar de la clandestinidad, del anti franquismo, le era fundamental: “Ya he escrito una novela sobre la Guerra Civil (El corazón helado). He escrito mucho sobre la Guerra y lo seguiré haciendo porque es ésta la gran herida, el gran principio de España. Lo que ha pasado y nos sigue pasando se origina ahí, incluso el gran momento fundacional de la sociedad española que es la transición ha estado mediatizado por el peso de la Guerra. Ahora lo que me propongo contar la historia de la resistencia. Estas novelas abarcarán 25 años de la dictadura de Franco (1939-1964), es decir hasta el año en el que España sale de la miseria y el momento en que el país comenzó a abrirse. Cuando Franco murió, España ya no era el país de la pos-guerra y eso fue lo que hizo posible la transición.

En Inés y la alegría ha tenido una ventaja que a la vez ha sido una desventaja y es que, esta historia no la conoce nadie: “la invasión de Arán no es una historia olvidada porque nunca se ha conocido, es inexistente. Uno olvida lo que conoce. Lo cual ha sido un inconveniente, porque si no acertaba a contar lo que había ocurrido en la realidad dentro de la novela, corría el riesgo de que el lector contemporáneo español creyera que la invasión me la había inventado yo”. 

Estas seis novelas, que tienen su primer episodio en Inés… están vinculadas por la lucha antifranquista porque, entre las muchas deudas que tiene España está aquella contraída con los resistentes: “ La democracia no se fundó a fines de los setenta, momento en el que nos vendieron como sociedad un cuento chino que generó una democracia sin raíces, sin memoria, que no se reconoce en la lucha de nadie y, en ese sentido, la resistencia antifranquista, que yo creo que es uno de los grandes temas de los cuales tendríamos que estar orgullos, desaparece, se desprecia esa lucha. Es muy importante recuperar la resistencia. Si durante tantos años, una generación de españoles no hubiera afirmado con terquedad que la guerra no terminaría hasta que llegara la democracia a España. Sin tantos años de españoles negados a rendirse la transición no hubiera sido posible jamás”.

Habría de hacerse hincapié en la estructura de esta novela, pues una de sus peculiaridades es lo cercano de ésta a la historia reciente lo cual implica riesgos que, la autora no sólo asume sino indica a partir de paréntesis capitualres que guían al lector: “El realismo es una opción estética pero también es un compromiso. Cuando uno novela sobre algo que ha existido, tiene la misma libertad, pero tiene que mantener cierta lealtad; la novela es suya pero el tema no. Por primera vez he metido no ficción en la novela porque no tenía otro modo de situar al lector. Me he inventado a los peones pero no al Olimpo, por eso está entre paréntesis.

“Tuve muchos puntos de vista de donde contarla. Y me gustó haber escogido el de los guerrilleros. Ellos son el único punto luminoso, saben a lo que vienen: a derrocar a Franco. Aquí, ellos son los que han hablado. Esta historia tan desconocida lo es porque nunca le interesó al poder que se conociera. No hay ninguna versión oficial. Esta historia es una historia de la Guerra Mundial. Yo puedo llegar con la literatura, mucho más lejos que un historiador. Los personajes decisivos de esta historia, murieron sin dejar testimonio. Yo, como estos episodios son novelados, puedo rellenar con literatura, lo que serían vacíos, en un historiador, aunque es un doble riesgo, porque, si me caigo, yo sola me rompo la cabeza”.
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Tedi López Mills: Un origami poético



Tedi López Mills (CDMX,1959) poeta mexicana de larga trayectoria, con hasta ahora 10 libros publicados, ha sido galardonada con el Premio Xavier Villaurrutia 2009 por este libro: Muerte en la rúa Augusta (Almadía, 2009). Ese es y no otro, el motivo de nuestra charla y, por ello, o pesar de ello, decido no preguntar nada del Premio. Ya se lo preguntarán y habrán preguntado de sobra. Eso sucede en los carruseles de entrevistas.

Muerte en la rúa Augusta, dicho por los propios editores va de lo siguiente: “Luego de ser jubilado por su comportamiento inestable, el señor Gordon experimenta el desdoblamiento de su espíritu en un edén artificial, californiano. A la sombra de un árbol de mil hojas, casi al borde de una alberca, Gordon transcribe sus pensamientos, recuerdos y preguntas mientras intenta sortear el acoso de su esposa o su mejor amigo, y dialoga con una voz interior decidida a acabar con su cordura. Muerte en la rúa Augusta es el diario de un personaje que se canibaliza a sí mismo. En este poema narrativo Tedi López Mills ahonda magistralmente en la máquina de la conciencia para exhibir sin recato dónde reside ese fino hilo que nos mantiene atados al mundo.”

Entonces la historia comienza. Entonces la prosa poética se vierte en sí misma. Entonces, la voz y palabra de la autora.

La persona como paisaje de sí mismo

“En el libro, siempre queda la confusión si, es real o no lo que está viendo Gordon, porque todo puede estar pasando en su cabeza, desde las albercas, el jardín, el jardinero. Nunca sabes qué está afuera y qué está adentro en Gordon. El paisaje de Gordon, si es real, es muy restringido porque lo único que ve es un grupo de casas alrededor de una alberca y luego en su imaginación o en su cuaderno, están todas estas albercas que él va coleccionando, que recorta de revistas o que dibuja. El paisaje de la cabeza, se parece mucho al paisaje de afuera y  nunca sabes muy bien quién es quién, cuál es cuál. Además, el yo de Gordon es tan tenue y pequeño que  es muy fácil que se extienda hacia un paisaje.”

Un Ser. Anónimo. Inconsciente, conciencia. La cotidianidad del desdoblamiento del escritor

“Anónimo es muchas cosas y, ante todo, es anónimo. Es el autor anónimo que ha escrito tantas cosas a lo largo de la tradición literaria. Incluso, hay citas digamos, de textos anónimos, a lo largo del libro. Luego, es también, el anónimo de todos los blogs, tan de moda ahora. Anónimo ha regresado con fuerza. Ahora ya el que opina en los blogs, además casi siempre de manera malévola y cruel, muy personal y muy insultante. Esta voz sardónica. El anónimo de Gordon es el vehículo del viaje, el educador, la autoconciencia, es también, un escritor pomposo, culterano, quiere educar a Gordon, enseñarle a hacer su diario. Muy formal al tiempo que opera el milagro, dándole a su vida un giro. Le permite viajar, hacer este viaje que nunca sabes si ocurre o no pero que lo escribe anónimo. Es también la voz de la crueldad y de la tortura a la que lo somete constantemente. Al principio lo instruye y va convirtiéndose en el verdugo, la mala conciencia, la prisa, el tiempo de Gordon, que es un ser inocente finalmente.”

Una inocencia malévola. Inocente hasta el hartazgo. La crueldad del humor involuntario en la poesía. El patetismo de la condición humana

“Como una confesión, diría que hay una parte de Gordon en mí. Gordon es un ser torpe, lleno de preguntas inútiles, su inocencia llevada al extremo es una forma de violencia y de maldad involuntaria pero ¿cuándo puede ser involuntaria la maldad? Finalmente, la violencia sexual que ejerce Gordon sobre su mujer es tremenda. Es pequeña en la medida en que es un dedo que hurga, pero ese dedo que hurga es como anónimo. Un dedo que no le pertenece a nadie pero que es muy violento a la vez que la esposa lo amarra por las noches. Ahí, en ese mundo de inocencia irrumpe algo muy violento, un amor obsesivo, celoso. En este jardín casi un paraíso pequeño donde vive Gorddon sucede una historia de amor tremenda, horrible, desagradable, tremenda, limitada. Son dos seres que se ignoran a sí mismos y se ignoran entre ellos. Es un ser extraño y si creo también, quiero creer, porque esas cosas uno nunca sabe cómo van a ocurrir del lado del lector que es un personaje que acaba conmoviendo, extrañamente.”

Ese dejo de conmoción. La intención del diario perfecto. El tener que vivir a modo de alguien. Obsesiones que obsesionan. Atesorar la degradación.

El dinero es un anzuelo y un misterio. El dinero de la persecución, aquello que les va a permitir viajar. Para el lector, la apuesta es  un poema lírico dentro de un esquema policiaco: un cadáver, un policía (anónimo)  y los enemigos (que son al tiempo cómplices. Donna y Ralph. Casi siempre, en una historia policiaca, el elemento del dinero cuenta mucho pero nunca se resuelve. ¿Y qué onda con ese dinero? Además no es tanto, de existir “es un dinerito”.

Se van quedando juntos para morir. El hartazgo de vivir y la definición de muerte. Morir en vida. Estar muerto, existiendo, como consecuencia del propio camino elegido. El juego psíquico en lo más amplio del término

“MI abuela materna vivía, con mi tío en Fullerton, California. Conviví con ellos tres meses que a mí me parecieron una eternidad. De algún modo, mi tío, era como Gordon, un hombre inútil, fracasado hasta  cierto punto, que vivía con su mamá y la cuidaba. Era un conjunto de casas alrededor de una alberca y había nietos de vecinos, yo era una de las nietas, y un jardinero que era un mexicano. Yo era la única que usaba esa alberca y cotorreaba con  el jardinero, en español. No me pasó nada en esos tres meses, porque ahí no pasaba nada, más que el  ruido del aire acondicionado, el jardín perfecto, era como estar en ningún lugar, pero era perfecto, funcionaba perfecto.

Puede ser que la muerte sea luminosa y objetiva más que obscura y subjetiva. En este caso es luminosa y objetiva. Ocurre a la luz del día. Este libro es lo más contrario a Contracorriente. Para empezar hay una historia.”

Un libro cargado de simbolismos: una alberca cuadrada que no es sino el propio Gordon, construida por cuatro paredes: cada una con colores y sentidos: por orden de aparición, un cuaderno de dibujos, un diario, un libro de “cómo emplearse sin empleo” y una guía de viaje España Portugal…  en esta historia se va entretejiendo muy sutilmente, a partir de ellos. La alberca, un mundo de recordación que al estar vacía no es sino imagen de olvido y desamparo. Todos ellos bajo el sentido de que, cada verso no es sino un origami poético, ahí, donde paradójicamente, el personaje, Gordon, nunca logra hacer el animal que él desea: un coyote. A cambio,

“Gordon nunca puede hacer nada. Es una serie de intenciones que siempre quedan truncas.”

Un juego de contrastes

“No es una narración poética y tampoco es un poema narrado. Es una especie de lucha entre los géneros, porque además, todo está  en riesgo en este libro: las vidas, el agua, el paisaje y los géneros no son la excepción. Es una batalla. Al final, Anónimo escribe en una especie de casi prosa, casi poema, casi versículo. Cambia de estilo el libro cuando este personaje escribe y es ésta como la narración del viaje que hace Gordon, pero toda la parte anterior, creo que uso y abuso de los dos géneros, porque te permite contar en secuencia, en capítulos, pero también lo que permite la  poesía de hacer bloques de tiempo, de sentido, y que no tienes  que resolver problemas inmediatos de verosimilitud. "

¿Qué contaría Anónimo de ti?

Foto Adriana Bernal
“Creo que Anónimo y yo, siempre hemos vivido en las afueras, somos dos seres fuereños. Hablaría de la torpeza esencial y de este silencio en el que cae Gordon. El silencio hace que dure más el tiempo y las palabras lo consumen. Esa experiencia que es constante, yo creo que la contaría Anónimo. A mí me gustaría que Anónimo hablara de ese paisaje con el pasto crecido hasta el cuello, pero no sé si sería capaz.”

La estética de la estática en movimiento. Aparente inmovilidad que logra trastocar su entorno. Una intención de imaginar. Proceso de intención poética en López Mills

“Gordon es un hombre que sabe contar. El tiene la creencia de que las cosas se cuentan a sí mismas. No tengo una sola intención y no siempre tengo claro que quiero hacer. Las cosas van sucediendo un poco por accidente o por lecturas. Este libro es muy distinto a los otros. Me cuesta muchísimo trabajo hablar de intención sin tomar en cuenta a la persona que me va a leer y al mismo tiempo me parecería pretensioso, pedirle que reconozca mi intención, uno siempre tiene la esperanza de que el lector entienda lo que quiere uno hacer, pero es muy difícil hacerle esa pregunta a un lector. Lo ideal es que fuera una especie de calca de lo que está leyendo. La superficie es la intención.”

El proceso de transformación interno. Cómo se transforma tu paisaje interno. Tu jardín poético

“Desde que terminé de escribir muerte en la rúa Augusta, no he podido escribir poesía, apenas un poema. Ha sido una angustia. Tengo una idea de lo que puede venir, he estado más bien alejada de la poesía y escrito poesía. “Los jardines callados, los jardines de la persona”. Mi infancia fue una serie de jardines callados. En  el departamento donde yo vivo, tengo un pequeño jardín y sí es el espacio más callado de mi persona. Sí hay una zona donde uno se mete, quizá ahí, es donde vuelva a ocurrir un libro de poesía, pero no tengo ninguna certeza.”

¿Cómo sabes que estás donde estás? Si adentro es un lugar, qué es ese adentro…

“Yo sí pienso en u rectángulo, es  ésa la figura en donde veo a mis pensamientos, quizá puede ser una simple limitación geométrica, ahí es donde pienso. ¿Cómo sabes que tú eres tú? ¿Cómo sabe uno que uno es uno?. Las pruebas de la existencia tardan mucho en llegar. Es una duda inútil y yo estoy llena de ellas. La identidad no es  sino una incertidumbre.”

(Actualización 2019: si quieres saber un poco más de Tedi López Mills puedes escuchar el podcast #hablemosescritoras, sólo dándole click al enlace: https://www.hablemosescritoras.com/tags/651 )

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Andrea Fuentes Silva: Ilustrar la historia de manera distinta

Nostra Ediciones es desde hace algún tiempo una editorial que más allá de los perfiles comerciales ha decidido apostar por el libro ilustrado, sin que ello signifique, necesariamente, que los contenidos sean “para niños”. Su más reciente colección, Historias de verdad (2010) es clara muestra de ello: consta de ocho volúmenes en torno a la historia de México y, aunque coincide con el coyuntural “Bicentenario” no fue planeada, comenta Andrea Fuentes, editora de Nostra con este fin: “Esta colección se empezó hace cuatro años y medio. Durante este tiempo hemos trabajado con los autores e ilustradores tanto en la revisión historiográfica como en el tono. Casualmente, ahora está terminada la colección. Qué bien, porque hay una mirada sobre la historia en este momento, pero el ejercicio de pensamiento y creación es muy distinto”.

La labor editorial en equipo de esta colección, es encomiable desde distintos puntos de vista pues es un trabajo interdisciplinario que permite a lectores de muy diversas edades y “hacer un recorrido histórico que va más allá contando también detalles de la vida cotidiana y fomentar así, no sólo el conocimiento formal, ese que tienes que saber para el examen de la escuela. Sin estar falseada la historia, cada historiador desde su postura, hay propuesta de reflexión para hacerla interesante.”

Al mismo tiempo que se busca generar una manera distinta de acercarse a nuestra historia, el que sean libros de no más de 100 páginas, facilita que pueda accederse a ellos como si éstos fueran capítulos de una novela y, sin ser fragmentaria, acercarse a cualquier momento histórico sin que, necesariamente, se tenga que ir en orden consecutivo, transformando, desde la lectura, a la historia misma en un género literario: “hay mucho trabajo editorial atrás, uno de los más importantes es el haber encontrado la forma de abordar la Historia; no sólo están divididas por épocas, sino que también están estructurados en bloques de párrafos con recuadros informativos, que te arrojan otro tipo de informaciones sencillas, para que no te expulse.”

La propuesta de interpretación histórica, desde luego, incluye a los ilustradores, es mucho más que el agregar imágenes, acomodar iconografía de la época, hay una propuesta estética: “generan códigos a partir de sus ilustraciones; abrir una página y, sin leer, lograr visualizar lo que se narra, es el reto. Sí esa misma página fuera una iconografía, relacionarías, pero no habría interpretación. De ahí el largo proceso de edición. Hay muchísimos detalles visuales. Me parece que, también no utilizar las referencias iconográficas existentes, le da un toque de diferencia”.

La concepción de la colección fue una postura-apuesta “de entrada, los historiadores que los escribieron son jóvenes, buscando que el texto fuera entendible para público en general, sin diminutivos, sin dar por hecho que, el lector, tiene conocimientos históricos previos, sin exceso de personajismos, pero siendo lo más objetivos posibles.” 

Alejandro Rosas, Juan Manuel Villalpando, Fabiola García Rubio, Leonor García Millé, Susana Sosenski, Carlos Silva y Paola Morán, son los jóvenes historiadores que, de Tenochtitlán al Porfiriato, nos narran la historia de nuestro país, haciéndose acompañar por Ericka Martínez, Julián Cicero, Jotavé y Gerardo Suzán, cada uno con su técnica, su discurso visual y su muy particular representación de esta Historia nuestra que, esta vez, tiene su propia historia, la de Nostra y sus Historias de verdad.

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Deseo deseante

Mi primer encuentro con Aline Petterson cuenta ya diez años, cuando nos padecía como alumnos en la Escuela de Escritores de la Sogem. Era 1997 y, por aquel entonces, leía yo su novela Mistificaciones (Aldus, 1997) en retribución a sus candorosos comentarios, en torno a nuestros cuentos malísimos. Hace poco más de un mes (corre hoy agosto de 2007), nos reencontramos, fuera de un salón de clases, para charlar nuevamente, sobre una de sus novelas, esta vez, Deseo, publicada por Alfaguara.

Foto: Adriana Bernal

Ten cuidado, porque las dos últimas personas, antes que tú, una se dio cuenta al final que no había grabado nada y, el anterior, sí grabó pero a la hora de reproducirla no se escuchaba nada. ¿A ti no te pasa nada, verdad?”…Respiré. de pasarme, me pasaban muchas cosas. Aquél 5 de agosto no era mi mejor mañana. Estaba confiada que, al quebrar el día, éste se compusiera. Sonreí y me relajé.“ Cuando yo usaba cassette, también tuve problemas”, dijo. Respiré y sus propias palabras, comenzaron a relajar el ambiente, la tarde.

Resignificar el deseo

Yo realmente tuve varios objetivos en la escritura de este libro: Apoyo la lucha de las mujeres por encontrar un mejor sitio en el mundo. Mis libros no son de tesis. Busco personajes creíbles que, en la medida de mis posibilidades funcionen. Si esos personajes (no todos, porque tengo novelas con personajes centrales varones), los de las mujeres, pues vaya, ni tú ni yo podemos cerrar los ojos ante una cantidad de cuestiones que no son parejas de un lado y del otro. Si yo abordo una mujer, también va a estar presente esa situación. No panfletariamente porque detesto el panfleto en una novela, porque queda fallida que no llega a ningún lado. En el caso concreto de Deseo (Alfaguara, 2011), quise explorar varias cosas pro te menciono dos: La exploración alrededor de una generación que le tocó un cambio de costumbres sexuales muy notorio que principia cuando se difunde el uso de la píldora y antes de que llegue el terror del Sida y que mujeres, en todo el mundo y en nuestro país educadas en general (con sus excepciones) en una familia muy restrictiva y llena de culpas, se encuentran en una edad joven, con un cambio total de perspectiva frente a la vida.

Perderle el miedo

Leonora (la protagonista) descubriéndose a sí misma. Un recorrido. Un proceso. Reconociéndose de sexo femenino. Descubriendo su sexualidad. Al reconocerse sujeto deseado y deseante. Sobre todo deseante. Una sensación continua de miedo. “Natural en la mujer”. Cambio generacional. Miedo a ser mujer. A desear. A sentir deseo. A saberse deseada…Seguimos viviendo, al menos, en estas partes del mundo, bajo la sombra de la cultura judeocristiana que la culpa es uno de sus grandes apoyos.

Jugar para hilvanar

Estructura que no son sino fragmentos consecutivos. Relatos independientes de Leonora. O de varias mujeres. Leonora es una y muchas a la vez… Dado que no se tienen muchos datos de Leonora, representa una época sin querer ser una especie de estereotipo. Traté de ahondar en cómo era el comportamiento y la fantasía en esas épocas. Por otro lado, aunque sea una obviedad, la cuestión del deseo, en términos muy amplios se ha visto a partir del punto de vista de los hombres. El deseo de las mujeres está muy soslayado. Alguien me comentaba, con sobrada razón, que las acciones de las mujeres están supeditadas al deseo del hombre y las mujeres quieren ponerse en la pose que los varones esperan de ellas. ¿Dónde queda el deseo de ellas? Eso me parecía interesante y quise abordarlo en el libro.

El deseo de desear
Portada del libro


Lenguaje. Atmósfera. Espacio. Convergente y contradictorio con lo contemporáneo. Otro ritmo. Un proceso escritural que es remanso. El río de la vida, con sutiles oleajes. Es la filigrana de la prosa…Tu generación es la rapidez, la agilidad. Para mí, el lenguaje, la palabra justa, son muy importantes. Me detuve en buscar, borrar, poner, quitar, volver a poner. Hasta llegar. Todo es perfectible y si releo Deseo con ojo de corrector de estilo, seguro le voy a encontrar muchas cosas que se pueden corregir. Lo revisé con mucho cuidado. Creo que si el lenguaje no está bien armado, la historia no corre igual.


Guiños y caricias

Te podría contar las razones de cada una de las dedicatorias, quitando la general. El libro se lo dediqué a Sara Bolaño porque es una gran amiga con la cual me comunico muy bien. El texto que le dedico a Hernán Lara, es realmente la semilla del libro: “Una historia a cuatro manos”, fue el primero que escribí. Estábamos en una espera muy larga en un aeropuerto en Caracas y le platiqué el relato aislado a Hernán y el me insistió en que lo escribiera. De eso hace ya, varios años. De ahí, se me ocurre revisar esta historia generacional y dije bueno, voy a empezar desde la niñez y, yo no soy, porque hay gente que puede hacer fragmentariamente sus libros, pero yo no, tuve que irme apropiando del personaje. Tengo que irme apropiando y sintiendo como Leonora.

Otra dedicatoria, por ejemplo, la de Isaura Meza, “La mano”. Yo iba ya, por las edades nada jóvenes de Leonora y estábamos en una reunión y ella me dio la idea. Cuando narro el relato, fue su idea, el asomarme a la mano de una mujer mayor, que me facilitó la escritura. Nobleza obliga.

Otra dedicatoria muy linda es la de “En el bosque”. En mi infancia, cuando yo habría tenido 13 o 14 años, estuvimos a punto de irnos a vivir a Suecia, la cual tiene un clima infame pero un paisaje divino. En algún día de campo, yo le contaba a mis amigas, como en ese relato, qué me iba a pasar con ese galán maravilloso. Ahora, cuando hablo con una amiga sueca, que añora muchísimo esa Suecia, comparte conmigo esa Suecia idealizada. Cada dedicatoria tiene una razón de ser.

En comunión con el deseo

Aceptación. Un deseo que acaricia. Acariciar el cuerpo de una mujer. Ella, Leonora, acicalándose, asumiendo también la consecución de vida, el cierre del ciclo. Irte en paz con el deseo de desear, con el haber deseado y saberse deseable. Sensación sentida. Placer. Saborearlo entre el cuerpo. Entre la vida. Cumplido el deseo deseado.

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Metáfora de un naufragio. Una charla con Adriana Malvido

Conversar con Adriana Malvido es continuar el viaje en balsa por el estero entre la literatura y el periodismo, que ella misma ha propuesto en su más reciente libro Los Náufragos de San Blas (Grijalbo 2006). Su sonrisa inunda la atmósfera y su mirada, dispuesta al asombro, invita a navegar por las diversas corrientes de sus aguas a sabiendas de que los misterios del mar, son insondables, profundos. Como la experiencia misma.

La historia es por demás conocida: el 9 de agosto de 2006, Lucio Rendón, Jesús Vidaña y Salvador Ordóñez, tres tiburoneros de San Blas, tras nueve meses y nueve  días de naufragio, fueron rescatados por un barco atunero taiwanés cerca de las Islas Marshall en los mares de Australia, a  ocho mil kilómetros de su punto de partida. Éste sería no sólo un acontecimiento sin precedentes, sino apenas el principio de lo que hoy, es para algunos, leyenda; para otros, milagro y, para los más, una oportunidad redituable. Sin embargo, el gran acierto literario de Adriana es que su libro no contiene revelaciones periodísticas ni atisba el fuego de las sospechas sino que narra a lo largo de 277 páginas los vínculos con una comunidad en la que “lo raro, sería no ser náufrago” y donde, al día de hoy, hay cerca de 20 pescadores desaparecidos.

“Me enteré de la noticia por El Weso. El Palomazo Informativo, cantaba algo así como “pobres náufragos, ellos no querían regresar” y yo no entendía de qué estaban hablando. Hasta que al escuchar los noticieros, empecé a entender. Me impactó. De entrada, me pareció una noticia extraordinaria. En lo personal, no tuve dudas; siempre me han llamado la atención este tipo de aventuras y he tenido una gran admiración por este tipo de personas, por su amor a la naturaleza. Tienen otras prioridades. Nunca pensé cubrirlo. Fue muy rápido, un reflejo periodístico en torno al hecho de ir hacia estas historias que nos sacan del remolino que vivimos en México, donde vas y  vienes queriendo entender pero girando sobre nuestro propio eje. Así, en medio del conflicto postelectoral, me topé con esta gran historia: resulta que son mexicanos, humildes pescadores, tenía en efecto, el toque de la fascinación”.

Del Gran  Reportaje a la Metáfora del Naufragio hay una tenue línea en la que Adriana navega. Llega a San Blas el 25 de agosto de 2006 y se aventura. No llega inquiriendo sino con la mirada abierta al asombro, algo que de pronto pareciera que ha perdido el periodismo…

Una cosa es  la duda y otra el prejuicio. La duda te permite por lo menos impulsar  las preguntas, crearlas de manera abierta y el prejuicio te detiene. Te lleva a hacer preguntas para confirmar lo que tú crees. Sí vi y oí muchas preguntas policiacas hacia los náufragos, que  sabía que no iban a contestar. Si les preguntan: ¿Estabas en el narco?, pues no van a decir que sí.

Aprehender la experiencia, sentir el alma humana, perder el miedo…

Hay  que abrirse a escuchar. Las poquitas personas que sabía que iba me decían que no era cierto y lo que yo decía es que, si era cierto, era la hazaña humana más impresionante en muchos siglos y sí no, indagar cómo tres personajes de la costa mexicana, acaparan la atención del mundo, como fenómeno era muy interesante. Ir con apertura, con capacidad de asombro es fundamental, porque si bien es cierto que en San Blas, yo iba con mi objetivo de entrevistarlos y perseguirlos, había algo que superaba al periodismo o iba paralelo y que era mi asombro ante la  comunidad de tiburoneros por un lado y un pueblo como el de San Blas. Nunca me había topado con un pueblo así. No sé si era mi mirada o realmente que en cada esquina había una sorpresa: los nombres, la cultura popular emergiendo, convirtiendo en leyenda el evento, la emoción de la gente, la necesidad de héroes, incluso la gente que  tiene dudas, quieren creerles.

Ese “lo otro” que te lleva a quedarte por y para la historia…

Si no hubiera sido por “eso otro”, mi trabajo hubiera terminado cuando ellos deciden no dar entrevistas. A lo mejor me regreso. En la editorial me habían dicho: “si ves que a los 10 días no hay nada, te regresas y no hay problema”. A los diez y días, yo dije, no tengo la entrevista, pero no me regreso y sí hay libro. Así, desde la mirada de ellos, había otra forma de contar esta historia.

 El lado humano del periodista. Este acercamiento. La capacidad de engranar en San Blas. Tú logras ir hacia la gente y hacia el sí mismo del lector. Una mirada hacia el ser humano por la que nadie optó: la historia de tres  seres humanos. De amores y pasiones…

Sí quería involucrarme con la gente. Yo dije, me quedo aquí hasta que sea necesario y, conforme empiezas a involucrarte con ellos, entiendes cómo viven, como sobreviven en tierra. Una de mis conclusiones personales es que la más dura lucha por la sobrevivencia de ellos, es en tierra, no en el mar. Está más difícil en tierra. De pronto estamos muy acostumbrados a juzgar: culpable o inocente, a las respuestas inmediatas, y entonces  te cierras a los matices y al contexto y cuando de repente ves  que esta gente casi no tiene opciones, que lo único que sabe es pescar y les ponen todas las trabas del mundo pues los orilla a seguir en la pobreza o irse a Estados Unidos de ilegales. Muchos tienen ya a sus hijos fuera del país porque quieren mejores oportunidades para ellos, porque les da miedo la Escalera Náutica la Marina. Aun cuando no tengo ningún elemento para decirte si estaban o no en el narcotráfico, digo bueno y si sí, qué. Yo no iba a descalificar historias. Hay que conocer  un poquito más adentro para tratar de entender cómo viven.

Es como si San Blas fuera  en sí, el náufrago…
           
Las historias que escogí me parecieron significativas. Muy bien narradas, son narradores natos. Tienen muy bonita sintaxis. Pude haber puesto muchas historias más y en efecto, casi todos han naufragado y cómo lo asumen es increíble, dicen “ya me voy, no sé si regrese”, como si fuera parte de la vida. Tienen la conciencia de que la muerte es parte de la vida, cosa que nuestra mentalidad ha borrado. Hay una cantidad  impresionante de viudas y huérfanos por la gente que se ha muerto buceando, pescando o simplemente desaparecido. Es impresionante.

El fenómeno social. El problema de los camaroneros, de los manglares, de los tiburoneros, les han quitado su estilo de vida. Aun  cuando tu libro no tiene fines políticos si planteas la necesidad urgente de mirar hacia allá…

En cuanto a los esteros y las lagunas privatizadas, lo más triste es que no sólo les quitaron el sustento de vida sino que miles de hectáreas se  quedaron contaminadas e initulizables por el exceso de fertilizantes y los dejaron estériles. Los pobladores de San Blas son los verdaderos conocedores y no les preguntaron.

Ir hacia la creencia. Desmitificas y das voz al dolor profundo que les ha quedado en el alma y el cuerpo…

San Blas es una historia interminable. No tienen doctores, el internista, es dentista; el mesero, cantante y los náufragos un misterio tan insondable como el mar. Cada uno de ellos ha quedado ensimismado en la experiencia, marcado por ella y las repercusiones se van a ver en el largo plazo sobre todo en su salud física y mental. Quisiera que después de este libro, ellos estuvieran bien y que hacia San Blas, se volteara la mirada, pero sobre todo eso, quisiera que ellos, Lucio, Chavita y Jesús, estuvieran bien.
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Guadalupe Nettel: "Dentro de la marginalidad está la fuerza"

La autora. Foto tomada de googlephotos

Entrevista publicada originalmente
el 6 de noviembre de 2006
en el Suplemento Cultural
Laberinto de Milenio Diario.)

Guadalupe Nettel (México, 1973) es una autora no habitual y quizá por ello su mundo literario corre por la senda de la perversión y los intersticios de la obsesión. Galardonada con el Premio Gilberto Owen de Cuento 2007, con el libro Pétalos y otras historias perversas, que tiene como hilo conductor esta premisa de la perversión como desvío hacia la inverosimilitud, hacia la fantasía inconsciente donde sólo es posible el triunfo en el imaginario vivido como realidad de personajes tan lúdicos como fascinantes: un fotógrafo de párpados, una mujer que se arranca el cabello, un hombre que persigue olores: cuerpo y psicología. La psicología del cuerpo. El cuerpo de la psique. Es ahí donde Nettel encuentra su estilo, su voz. Su primera novela, El huésped (Anagrama, 2006), y este libro, convergen en un punto: en la belleza que irradian personajes no habituales, freaks, marginados, medio locos, donde se superpone la extrañeza física a la psicológica.

Alguien nos habita. Algo nos invade. Nos complementa. La otra voz. Nuestros demonios. Aquello que Carl Jung llamara nuestra sombra, parece rondar en la existencia del escritor en particular y del artista en general de manera más cercana de lo deseable. El desdoblamiento se convierte así en metáfora literario-esquizofrénica que facilita la comprensión del mundo exterior. Éste es el planteamiento de El huésped, que a partir de Ana y La Cosa que la habita, construye un limbo lúcido en medio de la filosofía de la ceguera: “Estoy casi convencida de que La Cosa existe. No la inventé, sólo la describía. La de Ana se dejaba oír mientras iba escribiendo. Es ese lado de nosotros mismos que no queremos ver y, por lo mismo, nos controla. Nos domina.”

El desdoblamiento literario

Hay varias maneras de leer la vida. De manera racional, Ana se ha explicado la suya, haciendo caso omiso del entorno, enceguecida: obsesionada por un ser parasitario que la habita y quien es culpable de su circunstancia de vida. Es en la obsesión, en el mayor temor hecho realidad, donde se quiebra la personalidad. Al confirmar su existencia, no queda sino reconocer que el monstruo existe, de modo que todo lo que ocurra será una desgracia provocada por él y, por lo tanto, por ella, porque vive en ella.

La realidad se torna ficción y viceversa. El limbo literario de El huésped sólo es posible en la otredad del lector y su complicidad: Desdoblarte cuando escribes es una de las características que más disfruto de la literatura. Me permite ser otras personas, y algo fundamental es serlo mientras escribes, pues es ahí cuando surge el tono, realmente oyes al personaje, y si éste se escucha está logrado. Si ese ser parasitario llega al plano de la realidad es gracias a sus palabras. Nos pasamos la vida interpretando signos, señales, dentro de nuestra propia lógica, aun cuando sea arbitraria.

Personajes límite

Portada del libro, Anagrama,2006

Los seres humanos somos susceptibles de cruzar fronteras. De perder coherencia. Los personajes límite, outsiders, en medio de la locura y la cordura, son los que interesan a la autora. Se identifica con ellos y está convencida de que, quien no lo haga, es un hipócrita, de ahí que busque, en su narrativa, el rescatar a ese loco que somos. La frustración, el dolor, la angustia. Ana, el personaje central de esta novela, igual que percibe, anula. Vive un universo ficticio. Pronto asume que infancia es destino y se vivirá en la oscuridad. Dentro de su inconciencia irá dando palos de ciego hasta toparse de pronto con otra ceguera mucho más intensa y cotidiana: la ceguera social. Con la negación: “En lo que nos aterra de nosotros mismos, lo que nos avergüenza, se encuentran las claves de nuestra existencia. Las posibilidades de descifrarnos. Lo que este personaje no quiere ver es lo que la determina y por eso es dominada por La Cosa.”

La mutilación como motor

Poco a poco el universo ciego de El huésped va dándole al lector instantes de luminosidad. Ana, conforme avanzan las páginas, va topándose con las aristas del dolor. No importa su poder de negación, la realidad la supera. No querer ver no es condición sine qua non de que las experiencias no sucedan, por más que éstas se anulen: “Por las experiencias que cada uno tenemos, estaremos mutilados en la medida en que no reconocemos nuestras carencias, nuestros aspectos oscuros; al no reconocernos, nos mantienen mutilados porque seguimos teniendo un punto ciego personal. Si decides enfrentar el universo ciego (en este caso el personaje lo hace, acercándose a una escuela de ciegos donde trabaja como lectora) se da un paso enorme hacia la reconciliación con uno mismo.”

De tu condición, un arma

Al encontrar la fuerza en lo que se ha creído durante un tiempo que es debilidad, el ser humano cobra un nuevo halo. Si logra descubrirse, camina hacia la aceptación y se relaciona con seres semejantes con otro universo posible. Este personaje no será la excepción.

Paradójicamente, El huésped surgió en Guadalupe Nettel tras el alzamiento zapatista en 1994, cuando incluso ella era militante del EZLN y a partir de seres mutilados, oprimidos, pero en lucha (un grupo de indigentes discapacitados que se reúnen en los túneles del metro), cobró forma una idea central: las formas de la discapacidad. “El mundo no está preparado para los discapacitados. Hay etapas que creemos superadas y no es verdad. No vimos el alzamiento zapatista, los fraudes electorales, ni la violencia en Atenco; dentro de la marginalidad está la fuerza, el motor que nos permitirá cambiar esta ira contenida. Debemos para la ceguera social.”

En medio de la mierda, pero sin embarrarse

La subjetividad es un elemento clave, sus personajes evitan, ante todo, el lugar común. En este caso, el detonante será boicotear las elecciones e inyectar las urnas con sobres que no incluyen votos, sino “sobrecitos de mierda, los cuales se entregarán la noche previa a las elecciones, en cada casilla electoral. Así, Ana (el personaje) asumirá que está en medio de la mierda, pero que no se ha embarrado de ella: Una vez que encuentras la forma de no sentirte superado o ahogado en la mierda hay una reconciliación. Tratar de hacer algo primero por ti y después por el entorno, es admirable, y la literatura es mucho más admirable cuando utiliza nuestra propia subjetividad. Yo quería escribir esta novela, la que me permitiera evocar universos paralelos, que provocara la aceptación personal y social. Necesitaba proponer otros valores estéticos. Otras formas de belleza.”

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¿Palabra de Yanquilehue?


Osorio Gumá, Mariana
Tal vez vuelvan los pájaros. Ediciones Castillo, 2014

En días aciagos como los que vive nuestro país, dolorido e indignado a más no puedo sino creer que como sociedad hemos aprendido muy poco o casi nada de las lecciones de la Historia. Hoy día frases como “Pienso luego me desaparecen”, “Ni perdón ni olvido”, “Vivos de los llevaron, vivos los queremos” se resignifican en un pueblo que pareciera haber perdido su memoria a corto plazo. ¿Cuánto es para la historia reciente de América latina casi 50 años? 

Me atrevería a decir que una eternidad, apenas efemérides que las “nuevas generaciones” apenas y conocen: 2 de octubre de 1968, 10 de junio de 1971, 11 de septiembre de 1973, 24 de marzo de 1976, entre muchas más que, cientos de personas, han dejado pasar, quizá, porque como dijo Martin Niemöller: "Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista. Después vinieron por los socialistas y los sindicalistas, y yo no hablé porque no era lo uno ni lo otro. Después vinieron por los judíos, y yo no hablé porque no era judío. Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí”. Y sí, cuando llegan por nosotros, entonces queremos hablar. O que alguien hable por nosotros. Pero hemos guardado silencio demasiados años. Y ya llegaron, por nosotros, por ustedes, por ellos. 

Como contraparte y porque convencida estoy de que, ante la desmemoria, la escritura y la palabra, la literatura, sea a manera de ensayo o de ficción, de pronto se vuelve a la sociedad y contribuye al “no olvido” y al recuerdo. Genera la participación de la memoria personal y colectiva al mostrarse a través de esas historias que hicieron la Historia y que, muy bien haríamos, en recordar.

Es ése el caso de la novela Tal vez vuelvan los pájaros (Ediciones Castillo,2014) de Mariana Osorio Gumá (La Habana, Cuba, 1967) que, a lo largo de sus páginas acerca al lector, desde el punto de vista de una niña de ocho años a lo que fue el Golpe Militar de Augusto Pinochet en 1973 y que va mucho más allá de un ejercicio de memoria pues a Mar, le es arrebatado su mundo exterior y ella, entonces, va solidificando y transformando su mundo interior, una vez que ha comprendido, para sí, el valor del lenguaje.

Y es en el lenguaje, en la construcción de la voz narrativa, donde está la clave de esta novela pues Mar, consciente o inconscientemente, no lo tendremos claro como lectores, ha entendido el valor de las palabras. La trascendencia de la voz y el secreto del silencio pero éste manejado a voluntad. Sí, a Mar no la silencian. Ella decide guardar silencio hasta que le devuelvan lo que le han arrebatado: a su padre: “Vivo se fue y vivo lo quiere”. Mientras eso no ocurra ella permanecerá calamita, calamita aunque se le cuezan las habas por hablar y decir y nombrar.

Pero, ¿cómo nombrar la pérdida? ¿Cómo darse cuenta que eso que se tenía no se tiene más?¿Por qué arrebatar lo propio? ¿Por qué transformarnos en ajenos? Así, Mar es la voz inconforme, la voz que quiere respuestas que le convenzan, que le expliquen, aún cuando los adultos nada quieren explicar, porque “todo va a estar bien” y ya se sabe que cuando los adultos dicen “que todo va a estar bien” no lo va a estar pronto.


Y frente a los ojos niños de una realidad dolorosa e inexplicable, apenas comprensible también para los adultos, Mar tiene a Celia, su nana y la de sus hermanos. Celia tiene no sólo el candor sino la vivencia y la conjunción de mundos, del mundo de la magia, de la tradición, la sabiduría que da tener otra historia de vida y ella, con sus anécdotas, con su comida y sus leyendas, le habla de Dominga Juana, su hermana y de una cajita. Una cajita musical, en donde también, habita Domi. Así, Domi y Mar, generan un vínculo y pueden acompañarse. Con todo lo que implica. Porque Domi es sabia. Así, en medio del horror y las no explicaciones, Mar puede (y construye) algo que he llamado intra-mundos.

Osorio Gumá lo que ha construido en Tal vez vuelvan los pájaros es esa cajita de música. Es esa posibilidad de nombrar los intra-mundos no sólo de los niños de la dictadura chilena sino las aristas y la complejidad del dolor, la supervivencia, la nostalgia, el recuerdo, desde el cuerpo. Esa cajita de música, esa bailarina que da vueltas, es contención y motor. Es búsqueda y es respuesta. Es un mundo alterno posible en donde el remanso llega y la lleva hacia los suyos. Por eso, ella la traerá consigo en todo momento. Celia se la regalará aun cuando Celia no pueda estar más con ellos; ella tiene que quedarse, ver por los suyos, por los que se quedan y tratará de sobrevivir. Como tantos. Estando en ninguna parte, quizá: “No entiendo cómo alguien puede estar en ninguna parte o no estar en alguna parte cuando ya no está aquí. Pero lo más difícil es pensar en no estar en ninguna parte. Aunque a veces pienso que en “ninguna parte” debe haber caleta de cuestiones perdidas, con eso de que a cada rato alguien dice: No está en ninguna parte. O no lo encuentro en ninguna parte…”

Mar y su familia, sin embargo, no están en ninguna parte. Están en transición, inmersos en el golpe y, a ritmo de bota de milico, tratando de entender lo que viven y aquello a lo que se han de enfrentar: su casa no lo es más, su padre no está. Ellos tienen que asilarse en la embajada de México para salir de ese que hasta unos días atrás era su país. Están frente a lo desconocido, pero, aun así, se tienen como familia. ¿Qué hay del otro lado: “Eso hay del otro lado: lo que tú quieras”.

Mas lo que hay es allanamiento y desaparición. Sí. Allanados y desaparecidos. Allanados y desaparecidos. Dos palabras que también encierran otro compás, en otra caja, aún más grande: la de una Nación. Un país allanado. La intención de desaparecer el pensamiento. Allanados los derechos humanos, las infancias, los hogares. Desaparecidos cientos, miles de personas, de libros, de sueños.



El estruendo entonces. El motor del avión. El golpe seco: una bota de milico. Un estallido: la cajita de Domi echa añicos en el piso de un aeropuerto. Y la bailarina sin resguardo, sin contención, pero cobijada en las manos de Mar. Mar que cobija en busca de cobijo. Mar que quisiera los secretos del mar. Y su remanso.

«Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa» escribiría Alejandra Pizarnik. Y Tal vez vuelvan los pájaros es esa palabra encabalgada que nombra distinto a cada frase. Que reconstruye el espacio y narra la sensación sentida de lo vivenciado a partir de la ficción de lo que otrora fuera o pudiese haber sido l a percepción del horror hasta hacerlo literatura del dolor y resignificarlo para los otros, con los otros y en homenaje a ellos que, también, es nosotros para ser entonces unidad y continente.

Un continente que bien habría de decirse es heredero de la mejor literatura del Holocausto y de grandes exponentes del género. Tal vez vuelvan los pájaros es un homenaje también a Semprún y a Primo Levi. Está claro desde la epígrafe del libro, pero también, dotado y enriquecido en sus páginas interiores para aquel que guste leer de los subtextos, pues es ahí, donde Osorio Gumá construye sus historias, no en la superficie.

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Poeta que no entiende futbol


Húmedas distancias